Un punto de inflexión: un regreso inmediato a la infancia.
Esta “cosa extraña” no era otra que una dinamo de bicicleta. Ya casi extinto, este objeto había sido el símbolo por excelencia de la libertad para generaciones de niños. Incluso su simple vista me transportaba a las calles de mi barrio, a las largas tardes de verano y a ese momento en que la luz delantera de mi bicicleta se encendía… simplemente porque estaba pedaleando.
En aquel entonces, no se necesitaban pilas ni recargas. Bastaba con moverse. Cuanto más rápido ibas, más brillante era la luz. Simple, casi poético.
Cuando la bicicleta se convirtió en una nave espacial.
Tener una dinamo de bicicleta era un verdadero privilegio. Solo un niño en todo el barrio tenía una. La esperábamos con ansias, como si fuera un gran acontecimiento. Cuando llegó, su faro iluminó la carretera y todos contuvimos la respiración. Para nosotros, era como un dispositivo futurista.
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