Pero el clima lo dice todo.
Llegas y parece que interrumpiste algo.
El saludo es correcto pero distante.
Nadie pregunta si quieres agua o café.
Las conversaciones pasan por encima de ti.
No hay rechazo explícito, pero tampoco acogida real.
Las señales pequeñas se acumulan:
miradas al reloj
comentarios sobre estar ocupados
gente que entra y sale dejándote solo
respuestas cortas
falta de interés
Te vas sintiendo incómodo, midiendo el tiempo para no molestar, intentando ser el visitante perfecto… y aun así la sensación no mejora.
Este tipo de visitas desgasta por dentro porque te hace ajustarte demasiado para encajar en un lugar que no hace ningún esfuerzo por recibirte.
Y una visita no debería ser una prueba de resistencia.
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